Ejercicio como terapia en pacientes con cáncer
¿Es seguro? ¿Sirve realmente?
Hablar de ejercicio en pacientes con cáncer es un tema que me toca profundamente. No solo como kinesiólogo con más de 15 años de experiencia, sino también como hijo: mi padre con cáncer de próstata y mi madre con cáncer de mama.
Por eso hoy quiero que revisemos juntos qué dice la ciencia —y por qué el ejercicio ya no es solo una recomendación general, sino una verdadera herramienta terapéutica.
¿Se puede hacer ejercicio durante el cáncer?
La respuesta corta es: sí, y es recomendable, salvo indicación médica específica.
La American Cancer Society ha publicado múltiples recomendaciones donde destaca que el ejercicio es seguro tanto:
Durante tratamientos como quimioterapia, radioterapia u hormonoterapia
Como después de finalizar el tratamiento
Y no solo es seguro… es beneficioso.
Beneficios del ejercicio en pacientes oncológicos
La evidencia muestra que el ejercicio puede:
✅ Mejorar el funcionamiento general del organismo
✅ Reducir la fatiga asociada al cáncer
✅ Disminuir síntomas de ansiedad y depresión
✅ Mejorar la calidad del sueño
✅ Mantener la autonomía para actividades diarias
✅ Aumentar fuerza muscular y salud ósea
✅ Mejorar movilidad y rango de movimiento
✅ Contribuir al control del peso corporal
✅ Mejorar la calidad de vida
✅ Disminuir efectos secundarios del tratamiento
En cáncer de mama, incluso se ha observado que el ejercicio no aumenta el riesgo de linfedema, y puede ayudar a controlarlo cuando está bien indicado.
Además, en algunos tipos de cáncer, la actividad física regular se asocia con menor riesgo de recurrencia.
¿Cuánto ejercicio se recomienda?
Las guías actuales proponen:
Evitar la inactividad tras el diagnóstico
Retomar actividades cotidianas lo antes posible
Comenzar de manera progresiva
Acumular al menos:
150 minutos semanales de actividad moderada
O 75 minutos de actividad vigorosa
Incluir entrenamiento de fuerza al menos 2 veces por semana
No se trata de correr una maratón. Se trata de moverse con intención terapéutica.
¿Y el ejercicio de alta intensidad?
Aquí viene algo interesante.
En los últimos años, el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) ha comenzado a estudiarse en pacientes con cáncer de mama, incluyendo investigaciones desarrolladas en Chile.
¿Por qué es relevante?
Porque hoy, gracias a los avances en tratamiento, la expectativa de vida ha aumentado considerablemente. Por lo tanto, ya no basta con sobrevivir: necesitamos vivir con calidad.
Los estudios muestran que el entrenamiento de alta intensidad:
Es factible
Es seguro cuando está supervisado
Es bien tolerado
Mejora capacidad cardiovascular
Ayuda a combatir la fatiga
Puede mejorar marcadores funcionales relevantes
Sin embargo, en Chile aún no es una herramienta ampliamente implementada en oncología, y la evidencia local sigue creciendo. Por eso es fundamental seguir investigando e incorporando el ejercicio como parte integral del tratamiento.
El ejercicio no reemplaza el tratamiento. Lo complementa.
Es importante aclararlo:
El ejercicio no sustituye la quimioterapia, la radioterapia ni la hormonoterapia.
Pero sí actúa como un co-tratamiento no farmacológico capaz de:
Potenciar la recuperación
Reducir efectos secundarios
Mejorar la salud física y mental
Aumentar la calidad de vida
Un mensaje final
Durante años se les dijo a muchos pacientes con cáncer que debían “descansar”.
Hoy la evidencia nos dice algo distinto: el movimiento es medicina.
El ejercicio, bien indicado y supervisado, no solo es seguro.
Es una herramienta poderosa de rehabilitación y esperanza.
Y si estás atravesando esta enfermedad, o acompañando a alguien que lo está, recuerda algo importante:
No se trata de rendimiento.
Se trata de recuperar capacidad.
Se trata de volver a sentirse fuerte.
Se trata de calidad de vida.